Hay veces que tu mente suele jugar contigo y caemos en un bucle de sufrimiento el cual provocamos nosotros mismos, pensamientos del pasado que no nos dejan vivir en el presente… Nos convertimos en arquitectos de escenarios que no existen y en prisioneros de palabras que ya se llevó el viento. Es un ruido constante, una radio encendida a todo volumen que nos convence de que analizar el dolor una vez más nos dará la salida, cuando en realidad, solo nos aleja de la paz.
Hablemos del ruido mental, aquel que no deja espacio para el silencio, ese que se cuela en tus madrugadas y te susurra dudas que a plena luz del día no tienen sentido. Es un murmullo agotador que intenta resolver problemas que aún no existen o reparar errores que ya no pueden cambiarse.
Hasta hace poco, los recuerdos de personas que me engañaron o que no valoraron mi trabajo estaban siempre presentes antes de dormir. Se sentía como una película que no pedí ver, proyectada en el techo de mi habitación, recordándome cada traición y cada esfuerzo ignorado. Gastaba mi energía nocturna tratando de entender su porqué o imaginando qué debí decir para defenderme.
Pero un día entendí que darles vueltas a esas escenas no castigaba a quienes me hirieron; solo me castigaba a mí. Al alimentar ese ruido, les estaba permitiendo seguir habitando mi presente de forma gratuita. Sanar no fue olvidar que sucedió, sino decidir que esos recuerdos ya no tenían permiso para robarme el sueño ni el valor que yo sé que tengo.
Y bueno, decidí que ya era suficiente de darle hospedaje gratuito a esos fantasmas. Decidí buscar técnicas para silenciar ese ruido mental que tanto me ha atormentado, porque entendí que la paz no llega por arte de magia; la paz se construye con intención. No se trata de borrar el pasado, sino de aprender a bajarle el volumen a la voz que nos juzga por él.


Aquí te comparto las herramientas que me ayudaron a recuperar mis noches y, sobre todo, a recuperar el control de mi propia mente:
La “Carta de Desahogo” (Escritura Terapéutica): Escribirle a esas personas que no te valoraron todo lo que te dolió, sin filtros. No es para enviarla, es para sacarlo de tu sistema.
Afirmaciones de Valor Propio: Reemplazar el “no me valoraron” por “mi valor no depende de su incapacidad de verlo”.
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El Anclaje del Presente: Usar una esencia (como lavanda) o una respiración profunda justo antes de dormir para decirle al cuerpo: “Aquí estamos a salvo, el pasado ya no está en esta habitación”.
